El monumento a la 3ª Internacional de Vladimir Tatlin

La arquitectura ha estado vinculada irremediable-mente a lo largo de la historia a la imagen del poder. Son mayoría los edificios del estado que hasta bien entrado el siglo XX ofrecen una imagen contundente a través de lenguajes clasicistas de columnas y frontones, referentes heredados de la cultura grecoromana. Las interpretaciones y justificaciones de esta iconografía son variadas: la democracia griega, la autoridad romana, la aristocracia como heredera de estos, etc.., pero lo que no cabe duda, es que su justificación, va más allá del gusto por lo clásico, y responde a una actitud ideológica: la necesidad de presencia del poder en la ciudad ante los ojos de todos.

Desde la llegada al poder de los bolcheviques, el movimiento revolucionario apuesta por la vanguar-dia artística como arte de Estado. El propio Lenin lo señalaba en un discurso: “nosotros los socialistas desenmascaramos la falsa libertad del arte burgués, no para alcanzar una literatura y un arte sin clases, sino para contraponer, al arte permanentemente libre, ligado en realidad a la burguesía , un arte abiertamente libre ligado al proletariado”. Muchos artistas plásticos entendieron que los nuevos tiempos debían ser también el origen de un arte nuevo, “Camaradas dadnos un arte nuevo capaz de sacar la republica del fango” decía Maiakovski en 1918. La revolución era el acontecimiento que les permitía establecer contacto con el pueblo y convertir el arte en uno de los motores de la nueva marcha. Además de la poesía, en otras disciplinas se comparte el mismo compromiso, personajes como Malevich, Kandisky , Rodchenko, Tatlín, etc,… a partir de los primeros meses de 1918 difunden el nuevo arte desde el IZO Narkompros (Comisariado del Pueblo para la educación). Un nuevo arte que toma la calle, como señala Maiakovski “las calles son nuestros pinceles, las plazas nuestras paletas” y que literalmente impregna edificios y muros. Esta nueva perspectiva es institucionalizada también a nivel académico de manera planificada, como la creación en 1920, de los «Talleres de Enseñanza Superior del Arte y de la Técnica», institución conocida como VJutemas, o la “Bauhaus roja”. Una nueva escuela que tiene como idea origen, la unificación del arte y la producción industrial, para derribar el muro existente entre el arte puro y el aplicado. Este nuevo sistema educacional se presentaba en contraste con las escuelas academicistas y clasistas en las que estaba basada la enseñanza cultural hasta entonces. Con un curso común se enseñaba arquitectura, fotografía, escultura, a todos los alumnos para luego especializarse en diferentes disciplinas, lo que le dotaba de una base filosófica práctica común.

La Vjutemas no sólo fue un centro cultural educativo, sino un laboratorio ilimitado de experimentos artísticos desde su creación hasta su cierre en 1930. Uno de sus profesores desde su inicio fue Vladimir Tatlin; pintor, escultor, escenógrafo, diseñador y autor de proyectos arquitectónicos, aunque no era arquitecto. Hay constancia de su personalidad carismática que impresionaba a sus alumnos y compañeros “por su arte, su ideología y sus valores humanos”. Intelectualmente posicionado en una corriente artística que posteriormente se denominó ”constructivismo”, que plantea un vínculo entre los valores políticos, las técnicas industriales y las posibilidades específicas de los materiales: “Tektónika, Konstruksiia y faktura”.

El Narkompros, dentro de una investigación gubernamental buscando una nueva imagen para la propaganda política, comprueba que las propuestas habían sido enfocadas a monumentos conmemorativos de revolucionarios y otras personalidades, pero a pequeña escala. Así propone a Tatlin el desarrollo de una propuesta de un edificio de propaganda “monumental”. Este proyecta un monumento-edificio sin una ubicación particular definida, pero con unas características que le hace capaz de modificar el paisaje de las ciudades antiguas, lo plantea como homenaje a la Revolución de octubre y que bautizó como “monumento a la Tercera Internacional”. Se trataba del primer planteamiento de rascacielos europeo, con 400 m de altura, y que sería la sede de las principales instituciones políticas, Con un planteamiento de formas nuevas, y construido en materiales de vidrio y acero, todo girando en torno a un eje paralelo al de la tierra, sobre el que apoyan tres enormes recintos de cristal, cuya descripción la hace el propio escultor:
“Estos recintos están colocados verticalmente, uno encima de otro, y rodeados de varias armaduras que armonizan entre si. Gracias a un mecanismo espacial se mantienen siempre en movimiento, pero cada uno de ellos a distinta velocidad.
El más bajo tiene la forma de un cubo y realiza al año un giro completo sobre sí mismo; servirá para las funciones legislativas y en él tendrán lugar las conferencias de la Internacional, las sesiones del congreso y las asambleas.
El recinto intermedio tiene forma piramidal y gira sobre sí mismo en un mes; en él se reunirán los órganos administrativos y ejecutivos.
El recinto superior, cilíndrico, gira sobre sí mismo una vez al día; está destinado a la información y propaganda, a centro de noticias, a los periódicos, a la difusión de los manifiestos; en él se instalarán el telégrafo, la radio y un aparato para proyecciones cinematográficos…”

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El interés del movimiento es que el edificio ofreciera siempre una imagen cambiante como contraposición a la construcción existente hasta ese momento. Hay un paralelismo de oposición de la Torre Tatlin con la Torre de Babel, mientras que una es móvil, la otra es inerte y pesada, pero sobre todo la de Babel se malogró con los pueblos de la humanidad luchando entre sí, mientras que la nueva Torre representa la unión de los pueblos bajo la Internacional.
Lamentablemente el proyecto no se llevó a cabo, pero su maqueta expuesta en Petrogrado en el VIII Congreso de los soviets en diciembre de 1920, impresionó enormemente a sus contemporáneos, y aun ahora lo sigue haciendo al resto. Como hemos señalado Tatlin no era arquitecto ni ingeniero, y entendía la proyectación como una colaboración entre artistas y técnicos. El proyecto de la Torre es asombroso por su osadía, su apuesta por los nuevos materiales, pero principalmente por la exquisita y novedosa poética de las decisiones estéticas, con una materialización formal sorprendente, una nueva imagen para un nuevo tiempo que ha quedado intemporal.

Lorenzo Goikoetxea
Arquitecto